Apego ansioso, trauma, niña interior, patrones emocionales. El lenguaje psicológico ha entrado en las conversaciones cotidianas y cada vez resulta más habitual escuchar a mujeres que identifican sus heridas, comprenden el origen de sus comportamientos y reconocen las dinámicas que se repiten en sus relaciones. Sin embargo, existe una distancia entre saber explicar lo que sucede internamente y disponer de recursos para responder de manera diferente cuando vuelve a ocurrir.
Una mujer puede comprender perfectamente por qué teme el abandono y, aun así, sentir la necesidad de buscar insistentemente una respuesta cuando su pareja se distancia. Puede reconocer su dificultad para establecer límites y continuar experimentando culpa después de decir que no. El conocimiento está presente, pero todavía no se ha convertido en una capacidad práctica para acompañarse en esos momentos.
Esta diferencia entre comprenderse y saber trabajar con una misma constituye el punto de partida de la propuesta de Ingrid Mondéjar, terapeuta especializada en maestría interna y vincular y creadora de la escuela Yo Soy Mi Ciencia.
El siguiente paso del trabajo personal no siempre consiste en entender más
Durante años, el desarrollo personal ha puesto una atención considerable en identificar heridas, reconocer patrones y comprender su origen. Ese conocimiento puede resultar valioso, aunque no necesariamente modifica la respuesta que aparece cuando una situación cotidiana despierta emociones difíciles. La autonomía emocional introduce otra dimensión del trabajo personal: aprender a reconocer qué está ocurriendo internamente mientras sucede, comprender qué partes de una misma se activan y desarrollar recursos para acompañarlas sin quedar condicionada automáticamente por ellas.
No implica evitar el miedo, la culpa o la tristeza, ni convertirse en alguien que no necesita apoyo. Supone aprender a relacionarse con esas experiencias desde una posición más consciente y adulta, sin perder la conexión con las propias necesidades. Ingrid Mondéjar llegó a esta perspectiva después de más de 10 años de práctica terapéutica, acompañando centenares de mujeres.
Esa experiencia le permitió observar una dificultad recurrente incluso entre mujeres con una amplia trayectoria de autoconocimiento: podían comprender sus conflictos durante una sesión, pero seguían necesitando recursos para atravesarlos cuando aparecían en su vida cotidiana.
Yo Soy Mi Ciencia: aprender a trabajar con una misma cuando la vida sucede
De esa observación nació Yo Soy Mi Ciencia, una escuela terapéutica experiencial desarrollada por Ingrid Mondéjar después de casi siete años de investigación, práctica y elaboración de su metodología. Su propuesta desplaza el foco desde recibir explicaciones sobre el propio funcionamiento emocional hacia aprender a reconocerlo y trabajar con él de manera autónoma.
A través del Método I’M®, integra comprensión psicológica, experiencia corporal y trabajo con las distintas partes del mundo interno. El aprendizaje busca trasladarse a situaciones concretas: sostener un límite cuando aparece la culpa, atravesar un conflicto sin desaparecer en las necesidades del otro o reconocer una reacción emocional antes de actuar automáticamente.
Esta perspectiva incorpora el autoliderazgo femenino y la soberanía vincular como capacidades para construir vínculos sanos sin renunciar a la propia identidad.
La escuela no plantea sustituir el acompañamiento terapéutico, sino ampliar el trabajo personal más allá de las sesiones, favoreciendo que cada mujer desarrolle recursos propios para acompañarse.
La reflexión que propone Ingrid Mondéjar trasciende el conocimiento psicológico acumulado. Aprender a nombrar las heridas puede ser un primer paso importante. El siguiente consiste en desarrollar una relación diferente con una misma cuando esas heridas vuelven a hacerse presentes, para que comprender lo que ocurre también permita elegir cómo vivirlo y responder.
