¿Por qué no se normaliza lo que es irremediable? A muchas mujeres se les ha enseñado a soportar sofocos, insomnio, irritabilidad, niebla mental, pérdida de deseo y cambios en el cuerpo como si fueran el precio inevitable de cumplir años. A muchos hombres se les dice que el cansancio, la pérdida de fuerza y de libido son «cosas de la edad». Esa respuesta no es medicina: es resignación.
La conversación debe empezar antes. La perimenopausia puede comenzar varios años antes de la última regla, a menudo durante los 40. Llegar a esa década sin información, sin revisar síntomas y sin saber qué opciones existen es un error. Prepararse no significa tomar hormonas a ciegas: significa reconocer los cambios, evaluar la salud y decidir con un profesional qué necesita cada persona.
Hay un dato que obliga a mirar el recorrido completo: en un análisis internacional de 505.147 mujeres, las nacidas entre 1970 y 1984 tuvieron la primera regla, de media, a los 12,6 años; las nacidas antes de 1930, a los 13,5. Sin embargo, la edad media de la menopausia natural fue de 50,5 años. La primera regla se ha adelantado entre generaciones; no hay que afirmar que la menopausia también llega antes en la misma medida. Lo que sí se tiene es una larga vida hormonal que merece atención, no silencio.
Y atención no significa resignarse a una sola solución. La terapia hormonal puede reducir síntomas menopáusicos importantes y, en mujeres adecuadas, ofrecer beneficios relevantes. La Menopause Society señala que para muchas mujeres sanas menores de 60 años o dentro de los diez años desde el inicio de la menopausia, sin contraindicaciones, el balance entre beneficios y riesgos puede ser favorable. Cada caso requiere valorar antecedentes, tipo de tratamiento, dosis y seguimiento. El miedo no debe cerrar la conversación; tampoco la publicidad debe convertir las hormonas en una promesa universal.
En los hombres también hay una señal que no se puede ignorar. Un análisis de seis estudios longitudinales, con datos de 118.593 hombres de cinco países entre 1972 y 2019, comunicó una caída media del 54 % en la testosterona total. Es un resultado presentado en un congreso científico en 2026 y todavía tiene limitaciones: no permite afirmar literalmente que todo hombre de 40 años tenga la mitad que su abuelo a los 60, y el peso y otros factores pueden influir. Pero la tendencia merece investigación y una respuesta clínica, no bromas ni indiferencia.
La testosterona no se receta por edad ni por una cifra aislada. La Endocrine Society recomienda confirmar niveles bajos con mediciones adecuadas y valorar síntomas y causas antes de tratar. También exige seguimiento: usar testosterona sin indicación puede perjudicar, entre otras cosas, la fertilidad. Esa precisión no debilita el mensaje; lo hace más serio: estudiar, diagnosticar y tratar cuando corresponda.
¿Por qué tantas personas siguen sin recibir ayuda? Por vergüenza, falta de información, consultas demasiado rápidas y una cultura que ha minimizado durante décadas la salud hormonal. Hay que cambiarlo. COEUS Retroaging, con Diego Suárez Liceras como presidente y la doctora Susana Gómez Blanco como directora médica, está impulsando en Madrid una atención clínica para quienes quieren valorar los cambios hormonales y recuperar bienestar, fuerza y deseo con seguimiento médico.
No se debe aceptar que sufrir sea el destino de ellas ni que apagarse sea el destino de ellos. Es necesario hablar antes, medir bien y tratar con criterio. Cumplir 40 no es una enfermedad; ignorar durante años síntomas que merecen evaluación sí es una oportunidad perdida. Es necesario cambiar de mentalidad y normalizar lo inevitable.
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