En ‘Artefactos Pictoliterarios’, de Silvia Lázaro Díaz, se reúne literatura y artes plásticas en una propuesta híbrida de gran libertad creativa.
Más que una antología, ‘Artefactos Pictoliterarios’ propone una reflexión sobre la creación artística, el reciclaje creativo y la capacidad de la literatura para dialogar con otros lenguajes. Cada texto amplía el universo visual del proyecto original y convierte la lectura en una experiencia donde lo tangible y lo imaginario se complementan. La autora parece escribir desde un lugar fronterizo en el que las categorías dejan de ser compartimentos estancos y comienzan a comunicarse. En sus páginas conviven narrativa, novela corta, poesía, experimentación verbal, humor, reflexión social y juegos con la estructura del texto. El conjunto parece responder a una concepción de la literatura como artefacto, como mecanismo que puede desmontarse, recombinarse y volver a ponerse en funcionamiento. El propio término «pictoliterarios» apunta hacia esa voluntad de borrar las fronteras convencionales entre lenguajes artísticos.
La obra reúne textos escritos entre los años 2005 y 2009. A ellos se suman las colaboraciones, sin filtros, de doce personas que construyen una Noche en Blanco Literaria en este presente.
Dentro del conjunto destaca ‘Entramados vitales’, novela corta de 2006, particularmente representativa de la concepción estructural de la autora. Aquí la literatura se aproxima a otros sistemas de organización del conocimiento. La matemática, la música y la teoría de la complejidad proporcionan modelos para pensar las relaciones entre personajes, acontecimientos y tiempos narrativos.
Autora de ‘Para Teresa’, c/ Málaga 76. ‘Ciudad de Transición’ y ‘La Dehesa del Alcaucil’, Silvia Lázaro Díaz (Barcelona, 1962), culmina con este volumen el proyecto de la exposición ‘Artefactos Pictoliterarios, prototipos: Los patitos feos’, presentada en Málaga en el año 2018, cuyo propósito quedaba incompleto sin una edición que reuniera los textos vinculados a aquellas piezas.
En una época literaria marcada por la clasificación y la especialización, la autora propone una operación de signo contrario: mezclar. Mezclar géneros, registros, cultura popular y referencias cultas. Mezclar pensamiento y humor. Mezclar matemáticas y literatura, música y narración. Mezclar experiencia personal y crítica social. El resultado es una obra irregular en el mejor sentido del término: viva, arriesgada y difícil de domesticar.
