Hay cansancios que no desaparecen después de dormir ocho horas. Fatigas que no nacen del exceso de trabajo, sino de años sosteniendo responsabilidades, expectativas y exigencias que rara vez encuentran espacio para ser cuestionadas. Miles de mujeres, especialmente madres y profesionales, viven inmersas en una carrera silenciosa por llegar a todo: cumplir en el ámbito laboral, atender las necesidades familiares, cuidar de quienes las rodean y, al mismo tiempo, responder a unos estándares de perfección cada vez más difíciles de alcanzar. El resultado suele manifestarse en forma de estrés persistente, culpa, desconexión emocional y una sensación constante de no estar haciendo nunca lo suficiente. Una realidad que diversos especialistas identifican como una de las grandes amenazas para el bienestar femenino actual.
Frente a esta realidad surge Mujer Raíz, el proyecto impulsado por Tania Uclés tras una profunda transformación personal que la llevó a abandonar una consolidada trayectoria empresarial para dedicar su vida al acompañamiento de mujeres que desean recuperar su energía, su autenticidad y su bienestar integral. A través de un método propio basado en la reconexión personal, la escucha del cuerpo, la gestión emocional y la conciencia femenina, la iniciativa propone una reflexión necesaria sobre cómo volver a una vida más coherente, equilibrada y alineada con las necesidades reales de cada mujer.
En colaboración con el periodista Matías Prats, esta entrevista profundiza en las causas de la autoexigencia femenina, la importancia de comprender la naturaleza cíclica de la mujer, el papel de la alimentación en etapas como la perimenopausia y la menopausia, y el valor de experiencias transformadoras como las impulsadas por Mujer Raíz para recuperar la conexión con una misma.
Durante años usted desarrolló una carrera profesional exigente, creó proyectos empresariales, formó una familia y asumió numerosas responsabilidades. Mirando atrás, ¿en qué momento comprendió que sostenerlo todo también podía tener un coste personal?
Lo comprendí cuando me di cuenta de que estaba dedicando mucha energía a cuidar, resolver y sostener a los demás, pero muy poca a escucharme a mí misma. Durante años trabajé en el sector bancario ocupando puestos de responsabilidad, y posteriormente desarrollé distintos proyectos empresariales. Aprendí a ser fuerte, resolutiva y a seguir adelante incluso en los momentos más difíciles.
Desde fuera todo parecía funcionar. Tenía una familia, proyectos que avanzaban y una vida aparentemente plena. Sin embargo, llegó un momento en el que entendí que podía estar cumpliendo con todas mis responsabilidades y, aun así, sentirme desconectada de mí misma. Ahí comprendí que la verdadera fortaleza no consiste en aguantarlo todo, sino en aprender a incluirse a una misma dentro de las prioridades.
Acompaña a mujeres desde hace años y conoce también esa realidad en primera persona. ¿Cómo se manifiesta esa carga mental invisible que tantas mujeres soportan en silencio?
La carga mental rara vez se ve desde fuera. Se manifiesta en una mente que nunca descansa. Es acostarte pensando en todo lo que queda por hacer y despertarte antes incluso de abrir los ojos ya organizando el día.
Lo he visto en cientos de mujeres y también lo he vivido personalmente. Mujeres que aparentemente tienen una vida estable, una familia maravillosa y un trabajo que funciona, pero que por dentro sienten cansancio, irritabilidad, falta de ilusión o una sensación constante de no llegar a todo.
Cuando una mujer deja de preguntarse qué necesita ella y solo atiende las necesidades de los demás, suele comenzar esa desconexión silenciosa. Muchas veces el cuerpo termina expresando lo que llevamos demasiado tiempo ignorando.
Muchas mujeres sienten culpa cuando deciden dedicarse tiempo a sí mismas. ¿Por qué cree que ocurre esto?
Porque durante generaciones hemos recibido el mensaje de que una buena mujer es aquella que está disponible para todos. Nos han enseñado a cuidar, a atender y a priorizar las necesidades ajenas.
Yo misma lo viví. Recuerdo que las primeras veces que asistía a retiros o me regalaba espacios para mí sentía culpa por dejar a mi marido y a mis hijos durante unos días. Pensaba que estaba siendo egoísta o que estaba restando algo a mi familia.
Con el tiempo comprendí que ocurría exactamente lo contrario. Cuando regresaba, volvía con más energía, más alegría, más paciencia y más capacidad de amar. Hoy entiendo que el autocuidado no es egoísmo; es responsabilidad. Una mujer conectada consigo misma puede ofrecer mucho más a quienes ama que una mujer agotada que intenta sostenerlo todo desde el sacrificio permanente.
A menudo hablamos de descanso físico, pero mucho menos de agotamiento emocional. ¿Qué aspectos de la vida suelen perderse cuando una mujer permanece demasiado tiempo desconectada de sí misma?
Lo primero que suele desaparecer es la alegría. Y no me refiero a estar feliz todo el tiempo, sino a esa sensación de ilusión, de disfrute y de conexión con la vida.
También se apagan la creatividad, la espontaneidad, el deseo, la intuición y la capacidad de emocionarse con las pequeñas cosas. Muchas mujeres llegan a pensar que sentirse cansadas, tensas o desconectadas es normal porque llevan años viviendo así.
Sin embargo, creo que estamos diseñadas para mucho más que simplemente sobrevivir. Merecemos sentirnos vivas, presentes y conectadas con quienes somos realmente.
Uno de los aspectos que usted suele destacar es la importancia de comprender la naturaleza cíclica femenina. ¿Qué cambia cuando una mujer aprende a respetar sus propios ritmos?
En mi caso cambió por completo la relación con mi cuerpo. Durante muchos años viví la menstruación como algo incómodo e incluso como una especie de castigo. Tenía reglas muy dolorosas y nadie me enseñó a comprender qué estaba ocurriendo en mi cuerpo ni cómo influían las distintas fases del ciclo en mi energía, mis emociones o mi capacidad de concentración.
Hoy, con 47 años y atravesando la perimenopausia, miro mi ciclo desde un lugar completamente diferente. He aprendido que las mujeres somos cíclicas y que cada fase tiene unas necesidades físicas, emocionales y energéticas distintas.
Cuando una mujer deja de luchar contra sus ritmos naturales y empieza a escucharlos, aparece una enorme sensación de paz. Dejamos de exigirnos funcionar igual todos los días y comenzamos a tratarnos con más comprensión, respeto y amabilidad.
La alegría ocupa un lugar importante en su mensaje. ¿Por qué considera que recuperarla es una parte esencial del bienestar femenino?
Porque la alegría es una señal de conexión con una misma.
Después de acompañar a tantas mujeres, y también a través de mi propia experiencia, he comprobado que muchas no llegan diciendo que están tristes. Llegan diciendo que ya no disfrutan, que han perdido la ilusión o que sienten que algo dentro de ellas se ha apagado.
Recuperar la alegría no significa que desaparezcan los problemas. Significa volver a sentir que la vida también tiene espacio para una misma. Significa recuperar la capacidad de emocionarse, de disfrutar, de crear y de sentirse plenamente viva.
La alimentación adquiere una relevancia especial en etapas como la perimenopausia y la menopausia. ¿Qué papel juega la nutrición en el bienestar integral de una mujer?
Un papel fundamental. De hecho, una parte importante de mi aprendizaje personal llegó a través de mi propia salud digestiva.
Hace años sufrí un SIBO, un sobrecrecimiento bacteriano intestinal, una forma de disbiosis que probablemente estuvo relacionada con periodos prolongados de estrés. Aquella experiencia me hizo comprender hasta qué punto nuestro sistema digestivo, nuestras emociones y nuestro estilo de vida están profundamente conectados.
Hoy sabemos que la microbiota influye no solo en la digestión, sino también en la energía, el sistema inmunitario, el estado de ánimo e incluso el equilibrio hormonal. Por eso considero que la alimentación es una de las herramientas más poderosas de autocuidado.
Especialmente durante la perimenopausia y la menopausia, una nutrición adecuada, rica en proteínas de calidad, fibra, omega-3, fitoestrógenos naturales y alimentos que favorezcan una microbiota saludable, puede marcar una enorme diferencia en cómo nos sentimos física y emocionalmente.
Su historia personal incluye una trayectoria empresarial de éxito, la maternidad y experiencias vitales profundamente transformadoras. ¿Cómo nació Mujer Raíz?
Mujer Raíz nació de mi propia transformación. Durante años trabajé en el sector bancario y posteriormente desarrollé distintos proyectos empresariales. Aprendí a ser fuerte, eficiente y resolutiva. Como muchas mujeres, me acostumbré a sostener responsabilidades, a cuidar de los demás y a seguir adelante incluso cuando las circunstancias eran difíciles.
Pero la vida también me llevó a atravesar experiencias profundamente transformadoras que cambiaron mi manera de entender el éxito, la felicidad y el bienestar.
Comprendí que una mujer puede alcanzar objetivos profesionales, sostener una familia y cumplir con todas sus responsabilidades y, aun así, sentir que ha perdido la conexión consigo misma.
Mi verdadero cambio comenzó cuando dejé de buscar fuera lo que necesitaba encontrar dentro. Mujer Raíz nace precisamente de ese camino de regreso a mí misma y del deseo de acompañar a otras mujeres para que puedan reconectar con su esencia, escuchar su voz interior y construir una vida más alineada con quienes realmente son.
Los retiros y experiencias inmersivas están despertando un creciente interés. Desde su experiencia, ¿qué ocurre cuando una mujer se concede el permiso de parar y escucharse de verdad?
Ocurre algo muy magico. Muchas mujeres llegan pensando que necesitan descansar y descubren que lo que realmente necesitan es escucharse. Cuando desaparecen durante unos días las obligaciones, los horarios, las expectativas y el ruido exterior, surge un espacio de claridad que en la vida cotidiana resulta difícil encontrar.
He visto mujeres recordar quiénes eran antes de convertirse en la persona que resolvía los problemas de todos. He visto recuperar la alegría, la confianza, la ilusión y la conexión consigo mismas.
Los retiros no buscan escapar de la realidad, sino regresar a ella con más conciencia, más claridad y una conexión mucho más profunda con una misma. Y creo que eso es precisamente lo que muchas mujeres están buscando hoy: volver a casa, volver a sí mismas.
Las conversaciones sobre bienestar femenino ya no giran únicamente alrededor de la productividad, la conciliación o el descanso. Cada vez cobran más relevancia cuestiones como la carga mental, la gestión emocional, la conexión con el cuerpo, la alimentación consciente y la capacidad de respetar los propios ritmos. Comprender que una mujer no es una máquina diseñada para rendir de manera constante, sino una persona atravesada por necesidades cambiantes a lo largo de las distintas etapas de su vida, supone un cambio de paradigma con profundas implicaciones para su salud y calidad de vida.
La propuesta de Tania Uclés con Mujer Raíz se sitúa precisamente en esa mirada más amplia e integradora, donde el bienestar no se limita a aliviar síntomas, sino que busca recuperar la conexión con aquello que muchas mujeres han ido relegando durante años: su propia voz, su energía, su alegría y sus necesidades. En una sociedad que continúa premiando la exigencia permanente, detenerse para escuchar al cuerpo, cuestionar viejos mandatos y construir una relación más amable con una misma puede convertirse, paradójicamente, en uno de los actos más transformadores. Una reflexión especialmente necesaria cuando la autoexigencia sigue siendo uno de los desafíos silenciosos que más condicionan el bienestar de miles de mujeres.
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